sábado, 2 de abril de 2016

No se muere quien se va, sólo se muere quien se olvida.

Buenas, ¿qué tal? Espero que muy bien. Os traigo una entrada muy distinta, mucho más personal. Hoy no vais a aprender nada de un accidente geográfico, ni de cuales son los riesgos de Internet. Hoy os traigo una reflexión mezclada con lo que tengo en mi cabeza. Os seré sincera, no me hace ninguna gracia publicarlo en el blog del instituto donde cualquier persona o profesor lo pueda leer, pero tampoco creo que nadie me vaya a sacar el tema, espero que no. Sólo lo escribo, tú lo lees o no y ya está. Este tipo de entradas son las que más me gusta hacer. Espero haberte ayudado en algo, y como probablemente no sea así, pues simplemente ahí tienes un cachito de mis pensamientos que son tan complicados de conseguir como la sangre de unicornio...



Hasta hace poco no sabía lo que se sentía realmente cuando pierdes a una persona que quieres. Todo va bien, no pasa nada, pero un día te levantas y de repente algo ha cambiado. No sabes cómo, no sabes qué, pero una persona importante ha desaparecido. La primera reacción por supuesto es siempre llorar. Lloras y lloras pero después... ¿qué? ¿Te pasas toda tu vida llorando una pérdida? Pues te diré la verdad: no. Lloras los primeros días, piensas en ello los primeros días. Pero después la vida sigue. Aunque te acuerdes de todo y a veces llores, todo sigue, el reloj no para. Para el mundo es tan solo una persona menos. Pero yo no soy el mundo, y por eso que lo siento al perder a alguien que quiero, al ver sufrir a personas a mi alrededor y no poder hacer nada. Pero me lo repito, el reloj sigue, no para.... nunca para. Y quien nos quiere nunca nos querrá ver sufriendo. Yo misma lo digo, si algún día me muero, no quiero que nadie llore. No necesitaré que nadie llore porque no tienen por qué hacerlo; he sido feliz y los que han estado a mi alrededor me han hecho aún más feliz. Es gracias a ello el porqué lo soy. Pero en fin, supongo que me desvío del tema, como siempre. A lo que me refiero es que si has perdido a alguien que quieres hace poco puedes llorar. Sí, está permitido llorar por alguien al que hemos perdido pero no está permitido sentirse mal. Hay que ser fuertes, por aquellos que se han ido. Por todo lo que han hecho. Todo es siempre por ellos. Si nos derrumbamos les fallamos. Nunca se han ido de tu lado, están  ahí, no lo puedes ver, no los puedes tocar, pero están ahí, todos los días. En la barrera que separa a la vida de la muerte, el agobio de la tranquilidad, el todo de la nada. Y aunque no lo sepa con certeza, si Dios existe estoy segura de que están al lado suya. Porque las cosas pasan y hay que aceptarlas, porque la vida y la muerte van cogidas de la mano y porque nunca se muere quien se va, solo se muere quien se olvida.

No hay comentarios:

Publicar un comentario